Una historia real y escalofriante.
Antes de que termine el año espero poder publicar en mi editorial dos grandísimos libros no escritos por mí. Uno es de Robotv y otro es de Vindi, de quien os voy a contar ahora mismo una humillante historia que me pasó con él y que ni él mismo conoce. No se la conté en su momento por vergüenza. Se va a enterar por este blog al mismo tiempo que vosotros.

Vindi, a pesar de su aspecto varonil y hetero, es un cacho de pan. Una de las personas más buenas que he conocido desde que dejé Canarias. Por ejemplo, cuando me mudé de Valencia a Madrid me trajo a mi perra Anais Niin en coche desde Valencia sólo porque a mí me daba mucha pena meterla en la jaula de un avión. Cualquier amigo me hubiera llamado mariquita gilipollas y hubiera pasado de mí. Él no. Él pillo su coche y trajo a Anais desde Valencia sin rechistar.
Y muchísimas cosas más en las que me ha ayudado. Por eso cuando me pidió quedarse en mi casa tres noches porque le había salido un curro de fotógrafo en Madrid no pude decirle que no (él vive en Valencia). Es más, me alegré muchísimo de que fuéramos a pasar unos cuantos días juntos. Lo malo es que por aquel entonces yo vivía en un piso-cuchitril muy enano de Carabanchel: sin agua caliente ni comida en la nevera. No iba a poder tratar a mi gran amigo como se merecía.
Faltaba una hora para que llegase, así que en previsión de que yo no volvería a estar sólo durante 3 días y no tenía ninguna chica a quien metérsela por aquel entonces, decidí hacerme una buena paja. No sé vosotros pero yo no puedo estar 3 días sin masturbarme. Si paso 3 días sin masturbarme me convierto en un violador demente.
Corrí las cortinas, me tendí en la cama, me bajé un poco el pantalón del pijama y comencé a hacerme una buena paja pensando en alguna chica que me querría follar. Cuando estaba en lo mejor, sentí que la puerta se abría y escuché voces. Era la puta vieja de mi vecina. Mi vecina de 80 años me había “adoptado” y tenía llave de mi apartamento. Cuando yo no estaba, entraba sin pedir permiso para limpiarme un poco la casa o poner una lavadora o dejarme un plato de comida si veía que en mi nevera no había nada. La vieja abrió la puerta de mi apartamento, mi gran amigo Vindi, le acompañaba. Hablaban entre sí y reían en una conversación cordial.
Yo pegué un salto y, a la velocidad del rayo, me guardé la polla dentro de los pantalones. Pero la tenía tan grande y tan tiesa que se notaba a qué me había estado dedicando con esmero hasta hacía medio segundo. Un bulto paralelo al suelo apuntaba al infinito. Como el dedo índice de Colón, pero inflamado. Así que me puse de espaldas a ellos, como ordenando cosas que había sobre una mesa mientras la vieja se disculpaba. A ninguno le había dado tiempo para reparar en mi polla. Desde que entraron en la habitación yo estaba de espaldas.
-Ay, disculpa, como no había luz, pensé que no había nadie.-se disculpaba la vieja.
Y mi amigo del alma, me decía:
-Coño Rafa ¡Dame un abrazo!
Yo no podía darle un abrazo aun. Mi polla erecta hubiera chocado con su polla en reposo. Tampoco darme la vuelta. Hubiera sido un momento realmente incómodo. Así que le dije, tratando de parecer preocupado y mientras seguía ordenando papeles de la mesa:
-Un momento, un momento, toda esta mesa está muy desordenada.
Estuve así como 30 segundos hasta que por fin se me bajó la erección y pude darme la vuelta para darle un abrazo sin matices sexuales.









XDDD
Ya estoy acostumbrado a que todo el mundo tenga erecciones bajo mis abrazos, pero no antes.
Yo creo que a muchos les pasa lo mismo, pero no se atreven a contarlo. Gracias Rafael, por no hacernos sentir bichos raros…… XDDDD
Yo tenía un amigo en Bilbao que tenía un mono que era como tu, se mataba a pajas el cabrón. Solo que el mono no tenía tu vergüenza, y llegabas a casa del colega y allí te lo encontrabas, en lo alto de un mueble todo entusiasmado con su gayola, le gritabas ¡qué haces! y el ponía esa cara de risa que ponen los monitos sacando toda la piñata y se la cascaba más fuerte, y ya te podías apartar, porque te lo echaba todo encima el hijoeputa, y encima dando alaridos.
Al final lo tuvo que castrar, al principio era una paja de cuando en cuando, después una cada equis días, después cada tres, cada dos, cada día, a cada rato, a cada hora, seguido, seguido, seguido… ¡qué se iba a morir el puto mono a pajas!
O sea, ya sabes, ten cuidado, si en los monos el asunto va a más a lo mejor en nosotros también XD
El panorama del cine español descrito por un valiente
Me gustan tus entradas Rafa, pero esta “historieta” ni fu ni fa, aún así es curioso, a todos nos ha pasado algo parecido me da la sensación jaja.