Si la gente no escucha lo que quiere escuchar, se decepciona.

On February 23, 2011 by ezcritor

Camino por la calle y frecuentemente me preguntan, los amos de los otros perros, cuantos meses tiene mi perrita Anais Niin. Anais se comporta como si fuera un cachorro: todo el rato lo pasa dando cabriolas y queriendo jugar, mordiéndome los bajos del pantalón y haciendo travesuras. Es una perra muy feliz.

-Tiene ya casi seis años -les digo.

Y se ponen tristes por haberse equivocado. O por ver qué feliz es mi perro comparado con el suyo. En cambio, si les digo que es un cachorro sonríen, felices. Por eso hace tiempo que cuando alguien me pregunta cuántos meses tiene Anais contesto que 3 ó 4.

La otra pregunta a la que me suelo enfrentar es a qué raza pertenece Anais. Esta sobre todo me la hacen las amas de casa. Si les digo la verdad: que me la encontré en la calle cuando tenía unas semanas de vida, se ponen tristes. Ellas querían que fuera de raza. Hoy por fin me inventé una contestación que les hace felices.

-Es un Ping oriental -inventé.

-¿Qué bonito? ¿Y es un cachorro, no?

-Sí.

A partir de ahí, si me preguntan, me vuelvo un poco sádico, como mi naturaleza. Pero eso ya es culpa de ellas, por ser tan curiosas o por preguntarme tanto para intentar intimar conmigo y querer poner en actividad sus coños olvidados, cerrados y secos. Se lo merecen.

-Nunca había oído hablar de esa raza… cómo has dicho… ¿Ming?

-No. Ping. Una raza muy conocida, sobre todo en Pekin. Son perros de granja. Los que se comen normalmente los chinos. Es muy raro verlos por España.

-¿Y cómo lo conseguiste tú?

-Pues me lo regalaron en Navidades los chinos de la tienda de todo a 1 euro que está debajo de mi casa. Tuvieron una camada y me dieron a este para que lo cuidase hasta dentro de un par de meses. Entonces ya estará bueno para comérselo ¿Quiere saber la receta? Realmente se puede hacer con cualquier perro.

Ahí dejan la conversación, y de pretenderme como instrumento sexual. Ponen cara de disgusto y se van con su chihuahua a aburrir a otra persona. Posiblemente contándole mi abominable historia de come perros. Eso sí. Temo el día que una de estas señoras diga que sí, que quiere la receta para cocinar a su perro, que me invita a su casa ahora mismo, que podemos cocinar juntos, desnudos, y que si luego no me importaría comerle su coño con telarañas y autocortes que se hace con una gillette cuando anda un poco estresada.

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