On August 9, 2011 by ezcritor

“Un día leí que un crítico literario venía a ser como si un cojo de nacimiento entrenase a corredores olímpicos, o sea, un tipo que no sabe como hacer algo pero tiene los santos bemoles de criticar lo que otros hacen, así que esto de crítica a “20 Polvos” nada de nada, esto es única y exclusivamente lo que a mi me pareció este libro que puede ser diametralmente distinto a lo que le parezca a otras personas.
A veces, cuando uno lee a esos críticos literarios llega a creerse un verdadero ignorante, cuando no idiota perdido, por no leer cosas como La Iliada, El Quijote, o la obra completa de Camilo José Cela y te da la sensación de que si lees, por poner un caso, a Dan Brown eres el colmo de la estupidez sobre la faz de la tierra. Particularmente estoy segurísimo de que pocos críticos de esos se leyeron la Iliada o la Odisea y casi todos a Dan Brown, pero en fin, allá cada cual con su conciencia. El caso es que los humanos normales, a los que nos gusta la lectura, solemos leer con frecuencia lo que nos despierte sentimientos, lo que nos enciende algo en la mente o simplemente, lo que nos entretiene unos días o unos minutos antes de que morfeo nos cierre los ojos. Lo mismo pasa con el cine y los críticos sobre el septimo arte: Rambo es mala de la muerte ¡puag! ¡no veais eso! Resultado real en su día: las salas donde Rambo se proyectaba estaban llenas, las que proyectaban películas superoscarizadas en el momento… con cuatro tipos durmiendo.
Así que mejor prescindimos de críticos y críticas y te hablo, o mejor dicho os hablo, de lo que sentí con algún libro. He leido unos cuantos libros en mi vida, unos por obligación, otros por que simplemente me los encontré o cayeron de alguna manera en mis manos, otro por conocer sobre algo determinado, otros influenciado por determinada publicidad, muchos porque me gustan ciertos autores y un buen montón por mero entretenimiento. No se, nunca se me ocurrió hacer la cuenta de cuantos libros tengo en casa ni todos los que tomé prestados de bibliotecas o me prestaron amigos y familiares, pero creo que en una vida de cuarenta y seis años, una persona que lee prácticamente a diario un poco, o a veces un mucho, se termina habiendo devorado un montón de kilos de papel con letras.
Y en todos esos años solo hubo tres libros que me leí verdaderamente de un tirón, desde la primera página a la última sin parar salvo alguna obligación momentanea y de necesidad ineludible, puedo decir que esos tres libros fueron los únicos que lograron acompañarme al bater, por ser escatológico, comiendo e incluso intentando trabajar. Quien lea los títulos podrá pensar de alguno que menuda chorrada, de eso es libre cada quien, pero esos libros fueron ni más ni menos que los que se ven en la foto que adjunto: “Y no quiero vivir esta vida” (de Deborah Spungen en el que cuenta la azarosa vida de su hija Nancy, la que fue novia de Sid Vicious, el bajista de Sex Pistols). Memorias de este capitán (de Alonso de Contreras, capitán de los Tercios Españoles en la época en que España no se ponía el sol o empezaba ya a ponerse). Y “20 Polvos”.
Los tres libros siendo muy distintos, creo, tienen algunos denominadores comunes, son rápidos, muy veloces, cada frase se convierte en un rayo y la siguiente en un trueno que te hacen esperar el siguiénte relámpago. Cada párrafo en cada uno de ellos te hace pensar, aunque sea por segundos, en la dualidad de la condición humana, en que una persona, y solo una, puede encerrar dentro de si lo más grande, lo más mediocre y lo más rastrero que tenemos las personas, nuestra grandeza y nuestra miseria, hacen de algún modo que en mayor o menor medida te veas reflejado en muchas de las cosas que lees en ellos, que comprendas o llegues a atisbar que todos llevamos mil demonios dentro y mil dioses que combaten en nuestro interior por salir y hacer lo que les de la gana, la más atroz tropelía o el acto más bondadoso que pueda verse sobre la faz de la tierra. Además de eso son libros que despiertan emociones rápidamente, pueden hacerte sentir bien contigo mismo, pensar en lo que haces leyendo semejante basura, reirte o entristecerte en cuestión de segundos, la mente al leerlos se convierte en un vertiginoso tiovivo, en algunas partes el tiovivo en montaña rusa que logra otra de las emociones básicas del ser humano: elevar en mayor o menor medida la líbido del lector.
Aparte de lo anterior “20 Polvos” pertenece, para mi gusto, a otro mundo distinto a los dos de los que hablo en el párrafo anterior. Si lo lees con pobreza de miras (te servirá para hacerte pajas) puedes pensar que es la biografía de la etapa de la vida de Sigmundo, un hijo de puta adicto al sexo, tarado, enfermo, inseguro, voluble, idiota y egoista a más no poder. Si lees “20 Polvos” observando a tu alrededor te das cuenta de que Sigmundo es el reflejo puro y brutal de la sociedad que nos rodea. No es Sigmundo “la bestia” que se comporta de esa manera, Sigmundo solo es el reflejo de la sociedad en la que vive, el imbécil de ese calibre lo encontramos a la vuelta de la esquina, ora vestido con la indumentaria de un nazi cabeza rapada, ora en el que le miente a mil mujeres para dejarlas tiradas en el estercolero al día siguiente, ora en el político egoista que solo piensa en su provecho propio o, incluso, en algún general de la antigua Yugoslavia que no se cortó un pelo, fuese del bando que fuese, en exterminar a medio pueblo porque no le caía bien, no le gustaba la raza o no le agradaba la religión que practicaban. Sigmundo, en su cutrez y mezquindaz, es un reflejo de todos los males que asolan a nuestra sociedad. Un psicópata que incluso portándose como el más vil de los cabrones piensa que hace el bien, que hace algo grande, que su mala conducta para con el resto de las personas que se cruzan en su camino no es más que una forma de ayudarlas, de salvarlas ¿no hace lo mismo el político, a veces dictador, que pone trabas a nuestras libertades? Y sin embargo ese Sigmundo cruel a veces va, tiene razón, y se permite el lujo de darnos, como quien no quiere la cosa, y casi entre lineas, lecciones de valentía, de como vivir, de como tirar para adelante confiando en uno mismo y una pizca en el que sea lo que Dios quiera, de como romper cadenas que no nos permiten crecer ni evolucionar como personas ¿cuantos hombres hay en este mundo castrados por virgenes marías? ¿cuantas mujeres castradas por santos joses que ni joden ni dejan joder?
Por último permiteme que te diga algo Rafa, no somos pocos los que te venimos siguiendo desde hace años e Internet que pensamos que tienes un algo de Henry Miller, yo mismo lo hice constar así alguna vez que otra, y si, lo tienes, pero no es tan así, tus textos tienen un aire a Henry Miller en la sinceridad, en lo que pueden escandalizar, en el darte igual lo que piense el público, en contar una vida que a saber si es cierta o inventada o una mixtura de ambas, pero para mi gusto hay un par de diferencias muy grandes entre tu y el señor Miller: la primera diferencia es que el escribía mucho mejor que tu, hay que ser sinceros y reconocerlo, sus frases, sus párrafos, su redacción… es todo mucho más elaborado que lo que tu escribes, más pensado e incluso puede que repetida, estoy convencido de que Miller corregía y se detenía a pensar mucho más que tu en lo que escribía. La segunda diferencia: reconociendo que me gusta la obra de Henry Miller… jamás fui capaz de leerme uno de sus libros de un tirón, es más… algunos tardé bastante en terminarlos, a veces se hace pesado, o páginas enteras se vuelven bastante aburridas y te las tragas, si, a la espera de que llegue lo bueno. Hay que reconocer que tu en esto le ganas al aplicar, queriendo o sin querer, el conceptismo quevediano que se resumía en aquella máxima de “Lo bueno si breve dos veces bueno”.
Otra cosa antes de despedirme. Tu potencial no se queda aquí, en un libro como “20 Polvos” o en todo lo que has escrito desde aquellos Diarios de Sexo y Libertad (que espero publiques más pronto que tarde ¡Por Dios Svieta haz que sea posible!) tu cabeza, tus ideas, dan para mucho más, estoy seguro de que con el tiempo aprenderás más, te pulirás como escritor, sin tener porque dejar de ser espontaneo, imprevisible, sorpresivo, emocionante… Habrá muchas cosas por el camino que te ayuden, y como no me gustaría dentro de diez años comprar un libro tuyo y tener que tirarlo a la basura cuando vaya por la tercera página, permiteme que ponga mi granito de arena y que te recomiende a un escritor que se maldice solo y no es muy conocido, creo que a ti puede aportarte mucho y te gustará leer si no lo lees ya (a otros les resultará terriblemente aburrido) y hacerte mucho mejor como escritor, no tienes ni que matarte mucho en comprar libros suyos, escribe, como le da la real gana en varios periódicos de este país, se llama José Luis Alvite, creo sinceramente que en él puedes tener a un gran maestro que te aportará mucho para mejorar, porque aunque te cueste creerlo (ya sabemos que Dios a tu lado es un mindundi), y aunque yo y muchos te leamos de un tirón… aún no eres todo lo bueno que puedes ser, no eres ni siquiera un diamante en bruto, aún estás, como quien dice, en la veta y de esa veta nadie te va a sacar, tienes que salir tu, y puedes hacerlo, seguro.”
Texto y foto de Reynold Doforno de Vigo