LA TAXISTA PESETA

On May 1, 2009 by ezcritor

Me subí a un taxi y, mire usted por donde, lo conducía una mujer.

-A la calle del escritor Pérez Galdós –le indiqué.

El taxi arrancó y comencé a ponerme cachondo mientras miraba a la conductora: todas las taxistas mujeres me ponen: son muy valientes exponiéndose en un trabajo tan peligroso: o eso o están deseando, inconscientemente, que las violen. Otra posibilidad es que sean bolleras y quieran ser violadas, también inconscientemente, para ver si a fuerza de ello se vuelven normales.

-¿Le importa que, mientras me lleva a mi destino, me masturbe aquí detrás? –pregunté.

-Como haga un movimiento extraño -repuso- aviso por la emisora y en un segundo estoy rodeada de amigos taxistas que le abrirán la cabeza a cambio de que luego me los folle a ellos para expresar mi gratitud, gilipollas.

-Sólo estaba pidiendo permiso –traté de tranquilizarla- Yo me iba a masturbar con todo el respeto del mundo. Iba a envolver mi glande en un pañuelito y correrme sin tocarla ni manchar nada. Estaba dispuesto a darle 10 euros de propina. Pido perdón si le he asustado.

-¿10 euros? ¿Y sin tocarme ni manchar nada?… Bueno… vale. Pero como manche el tapizado se la armo.

Me masturbé mirándole el perfil de la cara, desde el asiento trasero del taxi, y me corrí dentro del pañuelo de papel, sin manchar nada. Llegamos a mi destino y pagué el dinero convenido + la carrera. Ella habló:

-Veo que le queda más dinero.

-Sólo calderilla –repuse.

-¿Cuánto?

-No sé –le enseñé mis bolsillos- Son euros de color marrón. Deje que cuente… uno, uno cincuenta, tres. Tres euros, diez céntimos es todo lo que me queda.

-Vale. Pues si quieres puedo llevarte a mi casa para que te folles a mi hija. No me malinterpretes. Mi hija no es puta. Pero le gusta mucho follar con chicos guapos. Tú lo eres y así de paso yo podría ganar un poco más de dinero, que nunca viene mal a final de mes ¿Te apetece?

-Bueno.

Fui a su casa y me follé a su hija.

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