EL ÚLTIMO COITO

On August 26, 2009 by ezcritor

Tras follármela, la chica de 24 años se tiró por la ventana.

Tuve que explicarles a la policía que yo no había sido quien la había arrojado por la ventana. In situ, les enseñé el video que habíamos dejado grabando mientras follábamos. La chica había gozado, yo jamás cometí violencia física contra ella (aunque follarse a una chica parezca, desde fuera, que le están haciendo mucho daño).

Cuando ella se corrió por quinta vez, se levantó de la cama y se tiró por la ventana. Yo nunca le pedí que se suicidara. El polvo había sido bueno: también lo descartaron como razón. Si me reí mientras ella se tiraba por la ventana, fue tan solo porque me hizo gracia la situación. No me lo esperaba. Los padres de la suicida llegaron a mi domicilio. La policía les explicó lo que había pasado e insistieron en ver el video a pesar de que yo saliera riéndome en el momento de la muerte de su hija.

Vieron todo el polvo. Como trabajo en una productora audiovisual, me excusé primero por haberlo grabado en 4:3 en lugar de en 16:9. Yo miraba el culo de la madre con deseo mientras ella veía como su hija me follaba. Se me puso tiesa. El padre lloraba mientras su hija, en la pantalla, me decía que mi polla era la mejor del mundo y que quería comérsela toda. Se me puso más tiesa aun. El padre dio un respingo de terror cuando me corrí en la cara de su hija (sobre su belleza). Luego la hija comenzó a chupármela otra vez para levantármela y cabalgarme. Encima de mí, se corrió otras dos veces. Luego se levantó de la cama y, con todos sus flujos vaginales deslizándose por sus piernas, dijo:

-Adiós.

Y se tiró por la ventana. Su cuerpo estalló contra la acera. En el video se escuchaban mis risas de fondo. Apagaron el video. Yo esperaba aplausos: le había metido el polvo de su vida y el final había sido apoteósico. El padre se tiró al suelo y, lleno de dolor, comenzó a llorar y a gritar y a implorar a Dios que le devolviera el alma al cuerpo de su hija mientras se daba cabezasos contra el suelo. A mí me volvió a dar la risa. La madre se abalanzó sobre mí para arañarme la cara. Pero la esquivé y terminamos en el suelo, con una de sus tetas en mi boca. Yo, chupé. La policía les echó de mi apartamento.

El padre confesó que su hija estaba loca, que había estado ingresada en un centro psiquiatrico hasta hace poco.

-¿Tú no notaste que estaba loca? –me preguntó el policía.

-Todas las tías que me tiro están locas –respondí sincero.

Un policía apuntó que quizá la chica que no se había suicidado, sino que había resbalado con sus flujos vaginales.

A lo largo de mi vida he desvirgado a muchas chicas. Pero es la primera vez que me conceden el honor de dar a una el último polvo de su vida. La verdad es que me apetecía. Y por ello, he dejado de mirar a las viejas de 90 años por si había alguna que tuviera ganas de echarse el último polvo.

25 Responses to “EL ÚLTIMO COITO”