“El Sr. R. y el gato muerto” de Gustavo Aceto

On July 21, 2010 by ezcritor

srgatogustavo

En una charla de sobremesa surgió la pregunta. No sé si fui yo, o checho quien la formuló. Probablemente haya sido él, pienso yo, teniendo en cuenta lo que esa pregunta me obligaba a confesar.
La consigna era: ¿Cual era la situación más vergonzosa que cada uno había padecido en los últimos años?

En ese momento, tenía yo un amigo al cual llamaremos: Sr. R. Este muchacho sufría una condición médica que lo obligaba a tomar ciertos recaudos. El Sr. R. se quedaba dormido en todos lados. Luego de consultar a un especialista, había logrado ciertas mejoras derivadas de algunas precauciones tomadas a la hora del descanso nocturno. Lamentablemente, cuando se emborrachaba, ninguna de estos cuidados, surtían algún efecto.. Se quedaba dormido en barras de bares, sillones, sillas y autos. Recuerdo una vez en la que fuimos a comer una hamburguesa con otros amigos, a la salida del bar, y el Sr. R. se quedó dormido en el ínterin de apretar un sobre de ketchup, mitad sobre el huevo frito, mitad sobre la manga de su camisa, mientras nuestras risas molestaban a los viejitos que comenzaban su domingo entre medialunas y lectura de diarios de arriba.

Otra vez, quedose dormido estacionado en la puerta de su casa, y su madre, enfundada en una bata de toalla rosada, le golpeó la ventana mientras observaba que ningún vecino se percate del cuadro. Cabe aclarar que el Sr. R., aun vive, o vivía en ese momento, pasados los 30, con sus padres y hermanos.

Pero antes de continuar, debo contarles el origen de un término.

En general, dentro de las boludeces sin importancia de las que uno se precia, yo me jacto ser un buen creador de sobrenombres. ¿Como comprobarlo? Si el sobrenombre resiste el paso del tiempo, es bueno. Sobrenombres o denominaciones de alguna situación en particular. Pero esta vez no fui yo.

Esta situación tiene que ver con ciertos rituales muy personales, algo inconfesables fuera de una charla de sobremesa entre borrachos. Estoy hablando de rituales masturbatorios. Quizá sea cierto eso que el mejor amigo del hombre, no es el perro…

En el caso el señor R., el muchacho manoteaba la toallita que se usa para secarse las manos en el baño, la colocaba dobladita en el costado del sillón, y recién ahí comenzaba su faena. Lo que se dice un prolijo a la hora del autoerotismo, lo cual no es poco cuando no se vive solo. Luego la toallita, lejos ya de estar inmaculada, iba derecho al canasto de la ropa sucia. Quizá la enterraba entre sábanas y remeras que ya estaban ahi. Es lo que yo haría, pienso.

De ahí en mas, en el grupo, adoptamos el termino “toallín” para referirnos al asunto..
Para explicarlo mejor, les doy un par de ejemplos:
-¿Qué hiciste anoche?


-Nada, peli, toallin y a dormir.

O también:

- Nada, llegue tan en pedo, que no dio ni para toallin…

Los hombres en general hablamos de todo, de detalles escatológicos, pedos, cochinadas y récords que no tienen más sentido que dar asco o diversión. Se imaginarán hacia donde se encarrila la historia…

El tema es que el Sr. R. tenía parientes de visita en la casa. Así que le tocaba dormir en el living. Luego de una noche de joda , llego a su hogar del barrio manzanar, se dirigió al baño de la planta baja intentando no hacer ruido, manoteó la toallita, puso una porno en el dvd de Silvia Saint en la que un negro le daba marimba de lo lindo, con el volumen bajo. Y se tiró en el colchón armado al lado de la mesa ratona.

Eso es lo último que recuerda.

Al mediodia siguiente, lo despertaron para el asado familiar. En su cabeza se acumulaban las preguntas mientras no levantaba la vista del plato.
¿Quien había llevado el toallin al lavadero?
¿Quien había apagado el televisor y retirado el Dvd? ¿El padre? ¿La madre? ¿El tio de visita?
¿¿¿La hermana???
Cada posibilidad le resultaba peor que la anterior. Encima, para no faltar a la verdad, les dire que la naturaleza ha dotado al Sr. R con un paquete considerable.. La sola visión de la cara de la madre al encontrarlo con semejante gato muerto en la mano, se transformaba en una imagen intolerable.

Y ese es el momento de mayor vergüenza que confesó el Sr. R., mientras el resto de los integrantes de asado, llorábamos de risa.

Otro día les cuento el mío. Porque un escritor traiciona a todo al que le rodea.

Inclusive a si mismo.

——————————

Más relatos de Gustavo Aceto en su blog.

16 Responses to ““El Sr. R. y el gato muerto” de Gustavo Aceto”

  • Jesus

    QUE??? no entendi solo me deje llevar y no descubri que queria decir. Te amamos Ezcritor.

  • Jordan el Nibelungo

    Copy-Paste de relatos de otros. Un paso más hacia la mediocridad más absoluta. Joder con el “creador” xD

  • star

    esto no es como el hermano putativo de la primera parte de “tripas”, de palahniuk??

  • chu

    no, ese se metia una zanahoria en el culo..

  • Jorge

    Leer dos líneas y estaba claro que no eras tu, preocupante ya lo mio

  • Juanito

    Escribe bien el tío.

  • Gracias rafa. soy tu fan y te admiro mucho.

  • Ahí le has dao: “un escritor traiciona a todo el que le rodea” Lo había pensado mil veces, pero nunca lo había verbalizado…

  • es de dalmiro saenz esa frase, se perdio por ahi esa oracion, estaba bajo el titulo. no es una queja, sino una aclaracion porque no me la puedo atribuir

  • ezequielfilgueiras

    Lo único bueno y era de Dalmiro…

  • Gastón Fernández

    Ezcritor; escribe mejor cosas más guarras que esto.

  • Oldgoodtroll

    No lloréis, que ez se va a casar con su novia! pero quién le pone la pierna encima para que no levante cabeza…quién???????????????

  • miguel

    no pasé de leer la primera frase, me aburre la literatura “normal”
    me entró el coñazo
    lo que me gusta es lo que tu escribes nose porq copias esos tostones

  • La Dama del Abismo

    Desde las primeras líneas ya me imaginé que el relato tenía buena pinta para ser escrito por ti.
    Das penita, ezcretor, ya ni para escribir porquerías sirves, solo para producir videos infumables que dan asco y verguenza ajena.

  • El que muchos hayamos entendido rápido que no eras tú el que escribía significa que tienes un estilo muy personal, digamos tu propia voz como escritor. Eso no es precisamente malo. Este cuento, en cualquier caso, tiene su propia voz y es muy buena también. Muy buen relato. Literatura auténtica, pese a quién pese.