Crítica: “LA COBRA EN LA CESTA DE MIMBRE” ¡Espectacular!
Ayer jueves se estrenó en Madrid “LA COBRA EN LA CESTA DE MIMBRE”. Me declaro SUPER FAN de esta ASOMBROSA OBRA DE TEATRO. Sabéis que no recomiendo porquerías. ¡Cuánto odio el teatro aburrido, ese que te hace retorcerte en la butaca deseando que la obra termine: imaginando cómo de triste será la vida de los actores que representan la función! ¿A vosotros no os han entrado ganas de interrumpir una obra, llorando, presos de un ataque de nervios, gritando a los actores:
-¡DEJAD VUESTRO SUEÑO DE SER ACTOR Y ESTUDIAD UNA CARRERA! ¡SÓLO PODRÉIS SOBREVIVIR SI OS HACÉIS FUNCIONARIOS! ¡NUNCA CONSEGUIRÉIS SER ACTORES! ¡NUNCA! ¡NUNCA! ¡ME DUELEN LOS OJOS, LOS OÍDOS DE ESCUCHAROS! ¡POR DIOS! ¡CON LO EFÍMERA QUE ES LA VIDA Y YO PERDIENDO MI TIEMPO MURIENDO EN ESTA BUTACA, PRESENCIANDO TAMAÑA MIERDA! ¡MORID, MORID!
No es el caso de “LA COBRA EN LA CESTA DE MIMBRE” . Cuando termina me encontré diciéndome:
-¿Ya terminó? ¡No quiero que termine ya!
Los 70 minutos que dura se hacen muy cortos. Una baza a favor de la obra es que se representa en una sala muy, muy pequeña, en la que no caben más de 50 personas. La proximidad con los actores, con la claustrofóbica y extrañísima situación en la que nos vemos envueltos, hace que se acentue la experiencia que presenciamos: logra dejarnos aun más de piedra. Que me quiten de la vista el cine en 3D. Esto sí que es espectáculo.
Soy seguidor del director y escritor de la obra: Carlos Atanes. Es un director independiente de ciencia ficción. Sus obras siempre son muy imaginativas, muy surrealistas, muy abstractas: sin embargo esta vez, con acierto, Carlos Atanes sólo piensa en hacer vibrar al público: nos presenta una historia pura: escrita de manera clásica: no exagero si os digo que el relato que ha escrito está a la altura de los mejores relatos de ciencia ficción de Philip K. Dick NO EXAGERO. LO JURO ¿Queréis ver una buena historia de ciencia ficción? ¿Queréis quitaros el sombrero con una gran texto? Id a ver “La cobra en la cesta de mimbre”.
Por otro lado están los actores: PERFECTOS. Jorge Cabrera hace el papel de un “subhumando” que a medida que va transcurriendo la obra y nos muestra su filosofía interior nos hace ver que realmente es un “superhumano”. El actor encarna a la perfección a un vulgar marinero que sabe adaptarse perfectamente (y sin perder su humanidad porque qué fácil es violar) a la peculiar situación a la que nos transporta la representación hasta que aparece en su vida-jaula Ana Mayo: una caricatura despiadada de la mujer del siglo actual: esas que presumen de ser liberadas cuando la realidad es que están más sometidas que nunca. Y ahora perdonadme la ordinariez. Pero el escote de la protagonista, aunque la obra hubiera sido una mierda, valdría por si sólo los 12 euros que cuesta la entrada. SIN DUDAR. Joder, qué difícil es verla actuar y no enamorarse de ella. Jorge Cabrera y Ana Mayo ofrecen un amplio catálogo de registros, atmósferas y sentimientos con los que logran hacer esta obra aun MUCHO MÁS GRANDE.
No os la perdáis. Apoyad este ARTE EN MAYÚSCULAS no subvencionado. OS VÁIS A DIVERTIR MUCHO, ES UNA GRAN EXPERIENCIA. Es la primera vez que veo una ficción, desde hace mucho, que consigue abstraerme de mi propia vida. Idla a ver los jueves y viernes de mayo a las 21:00 por sólo 12 euros. Viva la ciencia ficción en los teatros. Ni Avatar en 3D ni hostias, joder coño ya. 60-70 minutos de pura adrenalina. Se representa en la sala AZARTE que está en Chueca, Madrid (calle San Marcos 19).





Mi gran amigo Sacha se ha decidido y comienza a dar clases de interpretación. Sus clases son un viaje alucinante a lo más grande y a lo mas oscuro que hay en ti. La forma de relacionarse con los compañeros es como si se tratase de una tribu: una hermandad en la que puedes mostrar cualquier cosa y nadie te va a juzgar. Sintetizo técnicas de Stanislawsky, Strasbeg, Grotowsky, Mijail Chejov, Peeter brook, Carlos Gandolfo, Corazza, y hace ejercicios experimentales que te convierten en un animal escénico y te enganchan a la actuación para siempre.



