Despertar

Cuando despierto por la mañana, mi perra Anais me recibe igual que cuando llego de la calle: me huele para averiguar dónde he estado. Olfatea por qué tierra de sueños he ido caminando. Luego llega mi esposa: me abraza y hunde su cabeza en mi pecho mientras huelo su cabello rubio y la piel de sus mejillas. Cuando me colmo, le entrego un beso. Evito dárselo en los labios porque no creo ser el único que se levanta con un pestazo dentro de la boca: como si por la noche me hubieran cambiado de lugar las conexiones de los intestinos y de un momento a otro fuera a salir un trozo de mierda por ahí. Así que huelo su cabello: soy muy de oler: de aspirar a quien quiero y meterme todo su olor dentro de mis fosas nasales como si ella fuera cocaína. Ella es mi cocaína, la que me da fuerzas para seguir luchando por mis sueños. La que me obligó a volver a escribir ¿Quién tiene los cojones suficientes para luchar durante toda su vida por un sueño? Sólo los locos o los gilipollas, pensaba. Pero ahora me siento muy cuerdo. Como nunca. Y lucho con más fuerza y sentido que nunca.
Desde que estamos juntos dejamos de beber y de fumar. Siempre he pensado que el que fuma y bebe es gilipollas. La gente está tan vacía que le gusta quedarse semi inconsciente para no encontrarse consigo mismo, para evitar hacerse preguntas. Por eso antes fumaba tanto costo y bebía tanto vino blanco. Tenía miedo a estar despierto. Ahora bebo agua, como pescado y quiero hacerme preguntas todo el rato. Quiero evolucionar. Bien, he conseguido el amor y el sexo pleno ¿Qué es lo siguiente? ¿Donde está? Quiero ir ¿Alguien me puede guiar? Por primera vez en mi vida no sé por donde caminar. No quiero conservar esto: quiero evolucionar.







