On October 21, 2010 by ezcritor
Ayer hice varias cosas que no son razonables. Primero, trabajar durante todo el día sin comer (simplemente no tuve tiempo, no paré ni un minuto) Segundo, emborracharme mezclando cerveza, contriu y vodka con limón. Ni siquiera me tomé unas aspirinas antes de comenzar a beber (y al finalizar), que es un truco que me enseñó una amiga farmacéutica juerguista y que la verdad funciona perfectamente: consigue que no tengas resaca: cuando te despiertas de dormir la mona estás estupendamente. Y tercero, ir a la fiesta de la quinta entrega del premio “20 Blogs” que otorga el periódico “20 minutos”.
Mi amiga Paula me contactó por el Facebook y me dijo que tenía entradas.
-Bah tía, yo no puedo ir allí. Los trabajadores de ese periódico me odian –contesté.
-¿Por qué?
-La verdad es que siempre me han odiado, antes sin razón (odiaban al personaje con el que escribía) y ahora con razón (tras mi marcha, les puse a caer de un burro, la verdad es que me pasé un poquito y yo debería de haber sido más elegante: al fin y al cabo he de estarles agradecido: fueron ellos los que me dieron mi primer sueldo como escritor y como guionista y director)
-Venga tío, vente – insistió Paula.
-Que nooooo. Tengo que seguir trabajando, adiós.
Cerré el Facebook y me quedé pensando. La verdad es que me iba a divertir más yendo que quedándome en casa. Y también confieso que me encanta ir a sitios donde nadie me espera, donde mi presencia causa malestar. “20 minutos” es culpable de esta perversión, la descubrí gracias a ellos. Cuando trabajaba escribiéndoles un blog “cultural” me hacían ir a eventos para que yo escribiera crónicas que resultaban bastantes cómicas para mis lectores pero no para los organizadores de dichos eventos. A medida que pasó el tiempo y como, aunque no lo creáis, Madrid es un pueblo en el que siempre ves a los mismos, los organizadores terminaban conociéndome y, sin tener huevos para expulsarme al verme otra vez en sus eventos, me miraban muy, muy, muy mal y me ponían unas caras de odio super divertidas y que no fotografié porque aunque no lo sepáis tengo mi corazoncito.
…
Al final decidí ir. Me apetecía volver a ver a algunos compañeros y a Arsenio Escolar al que quise de manera enfermiza hasta que me falló (ahora le sigo queriendo mucho pero un poco menos). Iba a ser mal recibido, me iban a poner esas caras que tanto me divierten: la gente hablaría: seguro que viene a buscar bronca, que desfachatez, seguro que viene a pedir trabajo, arrastrándose ¿qué hace aquí? ¿Quién le invitó? Etc. Vamos, PLANAZO. Para divertirme aun más llamé por teléfono a María Lapiedra:
-María ¿qué haces?
-Me estoy follando a uno de mis amantes.
-¿Te apetece ir a una fiesta a llevarles el libro que acabas de sacar (“Follar te vuelve loco”) a los jefazos de “20 minutos”
-¡Vale, guay! ¡Termino enseguida!
…
Entré en la fiesta de “20 blogs” con María Lapiedra del brazo. Fue muy divertido. Ahí estaban las caras. Casi todas con odio y desprecio (cuando me miraban a mi, a María la miraban con deseo). Me acerqué a un ex compañero bajito, calvo y gordo para saludarle y me dio la espalda. Qué pena, con lo bien que me caía. Otros me miraban con la boca abierta sin embargo, cuando yo les miraba se daban la vuelta o miraban para otro lado, haciéndose los locos. La única persona que se acercó a saludarme con una sincera sonrisa fue el gran Hernán Zin. Hernán ha vivido y ha sido testigo de numerosas y reales tragedias: un ejemplo, ha visto morir a niños por culpa de la guerra. No está para chorradas ni para peleas de “patios de vecinos”. Hernán Zin es de las pocas personas que me entendió realmente en “20 minutos”, por supuesto no está a favor de mi comportamiento con “20 minutos” pero sabe diferenciar al personaje de la persona y tiene un corazón que le hace comprender ciertos comportamientos y excusarlos, no exagerándolos.
…
-¿Dónde está el director? -me preguntó María Lapiedra.
-Es ese señor que está de espaldas, se llama Arsenio.
-Voy a por él.
María habló un ratito con Arsenio, le entregó su libro y cuando regresó nos topamos con JAMS que se alegró de verme y me dio la mano con cariño. Me alegró. Esa persona me dijo en la II entrega de premios “20 blogs” que yo era ya parte de la familia de “20 minutos” y me lo creí, emocionado. Cosas como esas hacían que yo llevara a “20 minutos” en mi corazón, pues yo nunca he tenido una familia y por eso me vuelco en los trabajos que me dan (me dijo un psicólogo).
JAMS estuvo muy divertido con María Lapiedra y les dejé a solas (entre la multitud, no seáis mal pensados) porque llegó mi amiga Paula y fui a saludarla. Al grupo de JAMS y María se unieron Arsenio y el nuevo director de “20 minutos” y hubo risas, cachondeo e intercambio de teléfonos.
…
Una hora después, Arsenio me miró y yo le miré. Estábamos separados por una amplia masa de gente, que se hacía borrosa ante nuestros ojos. Sentí amor en el ambiente. Yo me moría por abrazarle, él no. Nos sostuvimos la mirada lo suficiente para saber que el momento había llegado. Íbamos a hablar frente a frente tras tres años de silencio. Silencio, aunque yo jamás he dejado de pensar en él. Mi hombre. Recorrí la distancia que nos separaba como el que camina sobre pétalos de rosas que han caído del cielo. Y allí estaba él. El padre que hubiera querido tener. Si él me hubiera cuidado y formado yo ahora sería casi tan famoso como su hijo Ignacio o tan buena persona como su hijo Héctor (al que adoro). Arsenio, el señor que destrozó mi corazón. Mi Arsenio. Mi amor. Mi pan. Mi ancla. Oh, Arsenio, te hubiera dado mi vida, hubiera trabajado gratis para ti, hubiera ido a tu casa a fregarte los platos y hacerte la comida cada día. Pero tú me traicionaste. Me mataste. Oh, Arsenio. Sin compasión. Me hiciste llorar como una niña que pierde su virginidad en las manos de un sádico. Oh, Arsenio. Te quiero ¿Por qué tú no a mi?
…
Hablamos, nos sonreímos, bromeamos y nos despedimos. Y para mí, allí, terminó la noche. Todas las noches. Volveremos a vernos en la entrega nº6 de los premios “20 blogs”. Si esta vez traje a María Lapiedra, la próxima vez te traeré a Penélope Cruz. Hasta entonces: cuídate, mi amor.
Nota.-En cuanto se me pase la borrachera y encuentre el cable de mi cámara, subo alguna foto. Por ahora conformaros con estos fotomontajes que he hecho pensando en Arsenio mientras escuchaba los temas más románticos de Eros Ramazzotti:

