EL GUARDAESPALDAS

On December 30, 2008 by ezcritor

Tengo muchas ganas de seguir contándoos mi experiencia como guardaespaldas y todo lo que me pasó ese (casi un) mes; mezcla de ficción y realidad. Sólo pude escribir 4 capítulos (aquí: 1, 2, 3 y 4). Lo malo y lo bueno es que voy hacer un nuevo piloto con la productora y hasta febrero no voy a poderme poner con los capítulos que faltan.

Para que no caiga en el olvido, os dejo un video de cuando me dieron mi “maleta de oficina”. Yo no tengo permiso de armas pero el jefe prefería pagar la multa que lo mataran. Las cosas estaban muy feas.

VOY A MATARLE

On December 5, 2008 by admin

El padre sentado en la cama, sin saber aun cómo reaccionar. Su madre llorando, desgarrándose como quien acaba de perder a una hija. Hace 3 minutos un policía de Madrid ha llamado a los padres de Julia:

-Su hija se ha tirado por la ventana. Está muy grave.

Los padres de Julia no tienen mucho dinero. Viven en un pueblecito de Asturias, el viaje hasta Madrid, y la estancia, va a reventar su economía. Maldita crisis. Antes le iba bien, pero entre los gastos del año pasado y los meses que lleva sin hacer negocio con sus productos de papelería, el padre se ha quedado casi sin ahorros. Maldita sea. Justo ahora. Justo ahora que es cuando más dinero necesitan en la vida. Le hubiera gustado decir al policía que cuidaran de su hija, que el dinero que eso costase no importa. Pero no pudo hacerlo.

-¿Está su novio con ella? –preguntó.

-No. No hay nadie con ella. Está sola –respondió el policía.

-Maldito Rafael –piensa el padre- Maldito Rafael de los cojones. Primero la deja embarazada, luego le pone los cuernos, luego se la lleva de mi casa y ahora… la mata. Es culpa suya. Ella no es más que una niña. Él le lleva casi 10 años. Él la ha vuelto loca. Él es el culpable de todo esto. Juro que le mataré. Mi hija. Hace nada tenía 10 añitos, llevaba sus dos coletas, sonreía, ilusionada, en la noche de navidad, disfrazada de Pipi Calzas Largas. Ahora muerta, partida en dos sobre un coche. No es su culpa. Ella pensaba que toda la vida iba a estar rodeada de gente buena, cómo sus padres. Juro que le mataré. Juro que te encontraré Rafael Fernández y te mataré. Es un monstruo. Es un monstruo. Voy a matarlo. Es justo.

El padre por fin reacciona. Abraza a su mujer justo antes de que se rompa en mil pedazos, como copa de cristal que estalla por el dolor continuo del fuego.

OS LO EXPLICO BIEN CLARITO Y CON EJEMPLOS

On December 4, 2008 by admin

La misión de las mujeres es que no salgas nunca de casa. Quieren convertirte en una masa de carne sin polla de la que mane dinero. Y, una vez que lo han conseguido: formar una familia sobre esa masa de carne. La misión del hombre es sembrar su semilla por todas las vaginas del mundo. Ambas misiones chocan entre sí. Es lo que se llama la “guerra de sexos”. Algunas veces, algunos hombres, ceden. Porque una gran mujer ha jugado perfectamente su partida, le ha practicado un lavado de cerebro y ha dejado al hombre estúpido, sin saber bien que tierra está pisando. Entonces, ese hombre, se convierte en un infeliz. Porque irremediablemente, despierta. A lo largo de mis casi 35 años he conocido a muchos hombres. Buenos y malos. Grandes hombres y pobres hombres. Violadores y directores de periódicos. Todos ellos me han dicho que han engañado a sus mujeres. Y el que no lo ha hecho me ha dicho:

-Estoy deseando hacerlo, pero estoy tan gordo que me da vergüenza insinuarme a una mujer.

Todos los hombres casados llevan vidas hipócritas. Todos los gordos quieren adelgazar.

También he conocido a muchas mujeres infieles. Casi tantas como hombres. Pero todas, todas las que he conocido han confesado y he visto en sus ojos, que lo más desean, es encontrar a su príncipe azul y formar una familia. Ser mujeres respetables. He visto a muchas de ellas formando una familia, peleando por la relación y siendo fieles a auténticos hijos de putas que hasta les pegan. Yo entiendo porqué existe la violencia de género: porqué los hombres pegan a las mujeres. Es por la guerra de sexos. Ellos quieren ser libres, ellas quieren encadenarlos y chuparles la sangre y la cuenta bancaria. Una mujer, una vez que empieza a chupar, nunca tiene suficiente. Parte de la culpa la tiene esta sociedad capitalista que siempre nos hace desear tener más cosas. El maltratador, impotente, pega a la mujer porque no puede más. Su estúpida mente no le deja en paz porque por culpa de su educación judeocristina “ha de tener a una mujer”. Pero tener una sola mujer le hace infeliz. Porque tener una sola mujer hace infeliz a cualquiera. No puede con ella ni sin ella. Se droga, se emborracha o, simplemente, se vuelve loco. Y por eso hay tantos crímenes y palizas a mujeres.

Por haber leído toda la colección de “El Capitán Trueno” yo jamás he pegado a una mujer e incluso me han inflado la cara por defender a una a la que estaban metiendo mano sin su consentimiento. Detesto la violencia y si no me trago nada el rollo de que somos personas civilizadas es porque nunca he visto que se haya llegado a un importante acuerdo sin tener una guerra de por medio. El estado natural del ser humano es estar en guerra. Y el que diga lo contrario, es que no sabe nada de historia.

Yo soy pacifista y me dejo llevar por la madre naturaleza. Siempre que he podido he follado sin preservativo. Siempre que he tenido ocasión para sembrar mi semilla dentro de una bella mujer lo he hecho sin dudarlo. Que me cuelguen por eso si quieren. Cumplía órdenes. Nadie que esté sano puede resistirse a las piernas abiertas de una guapa mujer. Y no sientes que te has follado bien a una mujer hasta que le echas la leche dentro. Joder, aun en casa, encerrado, escucho sus cantos de sirena para que salga y me las folle. Claro que me siento culpable por haber puesto los cuernos a mi novia. Pero no es culpa mía. La base de la vida se centra en ese momento: la procreación. Que la mujer sea sabia y serena para que pueda cuidar de la semilla que el cabrón del hombre le ha colado dentro, en un descuido. Que pidan a un hombre casado que deje de desear a otras mujeres, es cómo si le pidieran que deje de respirar.

Yo estoy tratando de dejar de respirar. Mi novia se enteró de mis infidelidades, justo cuando estaba embarazada de mí, y le hice mucho daño. La vi rota, en el suelo, llorando. Y decidí ir contra mi natura. Porque mi novia, físicamente, se parece mucho a mi madre, muerta por malos tratos a manos de mi padre. En ese momento, cuando vi a mi novia en el suelo comprendí que también era mi madre. Que era mi oportunidad para salvar a mi madre. Que era mi oportunidad de alejarme de mi padre. De dejar de ser su hijo. Hacer que mi madre tuviera una vida perfecta. Si mi novia no tuviera un físico tan parecido al de mi madre, le seguiría poniendo los cuernos. Pero decidí, en ese momento en que estaba matándola a disgustos, hacer que una mujer lo consiguiera por una vez en la historia de la humanidad. Que mi novia fuera la única mujer del mundo al que su novio no quisiera ponerle los cuernos. Y dejé de ponerle los cuernos. Engordé todo lo que pude. Y me ayudó el destino, en una discusión el orgullo me pudo, dejé el periódico en el que trabajaba y quedé sin ingresos. Así que, ninguna mujer en su sano juicio, querría acercarse a mí.

Lo segundo (o primero) para hacer a una mujer feliz es que tengas dinero (si ella no lo tiene, como es el caso de mi novia,  que es mileurista). Por eso, por el dinero, para darle la vida que deseaba, aquella noche decidí, quedarme en la casa del señor francés, comerme el estupendo plato combinado que me había preparado la vieja de la cocina, volver a llamar a mi novia para tranquilizarla y hacerle ver de una vez que había conseguido un trabajo increíble y que, por ella y por el hijo que soñábamos tener, me quedaría:

-Hoy no me crees, pero ya verás cielo –le dije- que mañana sí lo harás. Te llevaré fotos, haré videos con mi cámara de fotos digital de esta casa y de mi trabajo, pero sobre todo te llevaré el dinero al final de mes. Eso te hará feliz.

-¿Con qué puta estás? –me gritó- ¿Por qué me haces esto?

-Con nadie amor. Ya lo verás.

Y colgué el teléfono, tranquilo. El tiempo le haría ver.

Pero no había tiempo. Ella estaba desiquilibrada por mi culpa. Se tiró por la ventana. Y su bello cuerpo, con las mejores tetas que he visto, se partió en el impacto contra el suelo.

Lo supe, al día siguiente.

A JAMES BOND NO LE PASABA ESTO

On December 3, 2008 by admin

En el coche no hablamos. Yo no sé qué decir y temo se den cuenta que soy un niñato, no un tipo duro. Hace menos de dos días vi a tres niños sudamericanos de menos de 16 años, subiéndose a un vagón del metro y yo preferí caminar para meterme en otro: aterrorizado por si eran Latin Kings y me miraban a la cara. Todavía me tiembla el cuerpo. Yo, con casi 35 años y con miedo de unos chavales de 16 años. Patético, pero entiéndanme, es que vivimos tiempos peligrosos según las noticias de la prensa y de la televisión. Uno ve a tres niños suramericanos juntos vistiendo ropa deportiva y te vienen a la cabeza miles de titulares e imágenes de violaciones, terror y pistolas. Si este señor francés supiera que soy un miedica no me daría 10.000 euros al finalizar el mes. Tengo que aguantar en esta farsa como sea. La situación está muy mal en España. No hay trabajo, sólo despidos. Desde que, hace meses, me fui del periodicucho de mierda en el que trabajaba, no cobro y no tengo paro ni un padre o madre o familia a quien pedir dinero. Soy lo más parecido a un perro vagabundo que un humano puede ser. Mi novia, hace pocos días descubrió que le había sido infiel, repetidas veces. Entre eso y que no tengo ni un euro, que dormimos en un colchón tirado en el suelo, no sé qué hace conmigo. Pero yo trato de mantenerla a mi lado. Es la única persona que me quiere, de verdad, en el mundo. Es la única persona a la que quiero de verdad en el mundo. 10.000 euros al mes. Se va a poner super contenta. Voy a poderle dar la vida de reina que se merece. La vida que siempre le he deseado dar. Hasta vamos a poder tener un hijo. Hace un año quedó preñada y decidimos abortar por culpa de nuestra precaria situación financiera.

Llegamos a nuestro destino. Es de noche, la casa que veo será aun más increíble cuando haya luz. No nos hemos alejado mucho del centro, 20 minutos en coche. He tratado de respirar lo menos posible. Temía que escucharan mi respiración. Quiero que se olviden de mí hasta el día que me tengan que pagar. Aguanto un par de meses, hago el paripé y me voy.

El chofer sale del lujoso coche para abrir la puerta al señor. Yo también salgo, dudo si abrir la otra puerta, a la francesita tía buena. Finalmente decido que no. Creo que es mejor que mire para todos los lados, cómo estudiando el terreno. Supongo que un guardaespaldas haría eso. Escucho la voz del chofer. El señor y la tía buena ya no están:

-Sígueme.

Caminamos, por un caminito de piedras, hasta la parte de atrás de la fachada de la casa. Una puerta, abierta. Entra, le sigo, hay un super cerdo de casi dos metros, viendo la tele, en pantalón de chandal y con un pulóver puesto:

-Te presento a tu nuevo compañero –le dice el chofer- Se llama Rafael. Rafael, este es Pete. Es húngaro.

-¿Qué le pasó a Micki? –pregunta Pete.

-Está en el hospital. Va a tardar en regresar. Ese pasillo da a 7 habitaciones –me informa ahora a mí- Elige una de las desocupadas, Rafael. Nos vemos mañana. A las 7:00 sale el señor. Si tienes hambre ve al cuarto del servicio, allí te prepararán algo de cenar. Si suena la alarma, Pete te dirá qué hacer. Mañana te enseñarán la casa y te darán ropa limpia.

-¿Hay teléfono? –pregunto pensando en mi novia.

-Sí. En el cuarto de servicio que te nombré. También Internet por si lo necesitas. Buenas noches.

-Buenas noches –respondo educado. Y me maldigo porque he sonado demasiado educado, casi como una niñita.

Nada más salir de la habitación, Pete me pregunta:

-¿Qué experiencia tienes?

-Discoteca –medio contesto.

-¿Portero de discoteca?

-–miento: en la realidad en esa discoteca sólo fui camarero.

-Menuda mierda ¿Nunca has cuidado de un pez gordo?

-No.

-¿Tienes arma?

-No.

-¿Sabes disparar?

-No.

-Menuda mierda eres. Tengo un montón de amigos profesionales que podrían hacer este trabajo y me traen de compañero a un crío. Menuda mierda eres –gruñe desafiante.

Pienso ¿Qué diría Charles Bronson? Charles Bronson no le hubiera contestado a la primera pregunta. Hubiera pasado de él e ido a por la cena caliente. Mejor contestarle a lo Steven Seagel.

-¿Tu amigo Micki tenía experiencia?

-Es un crack.

-¿Y llevaba armas?

-Dos pistolas y un cuchillo.

-Pues está en el hospital con un navajazo en la garganta. Yo, en cambio, machaqué al negro que se lo hizo en 15 segundos.

Pete sonríe. Me mira como me miraban los abusones de los colegios de mi infancia. Sé que no le gusto, que le apetece hacerme daño. Pero le he ganado la partida. No puede formar una pelea por esto. Esto es trabajo. Trabajamos para gente civilizada. Sería un escándalo para los señores. Así que le sostengo la mirada como lo haría mi gran ídolo: Stallone. Me he visto todas sus películas y se cómo hacerlo. Estoy actuando. He dirigido alguna cosa por Internet y he hecho un piloto para TV. Sé lo suficiente de actuación para hacer creer al gordo enorme que no le tengo miedo.

-Veremos mañana –dice Pete. Y deja de mirarme para seguir viendo la tele.

-¿Mañana? –pienso cagado de miedo- ¿Cómo que mañana? ¿Qué va a pasar mañana? No puedo preguntarle. No puede saber que tengo ganas de cagarme encima y de abrazarle, pedirle que duerma conmigo esta noche. Que me proteja.

Salgo de la habitación. Voy hasta la cocina. Hay una vieja limpiando.

-¿Me han dicho que se puede cenar aquí? –pregunto amable. Siempre me han caído bien la gente mayor.

-¿Tú eres el nuevo de seguridad? –pregunta.

-Sí.

-¿Y tú crees que son horas estas para cenar?

-Me lo dijo el chofer –respondo, disculpándome (y vuelvo a sentirme como si estuviera en el colegio).

-¡Unos huevos con patatas y un filete es todo lo que te voy hacer!

-Ok.

La señora desaparece refunfuñando. Descuelgo el teléfono:

-¿Amor?

-¿Rafa? ¿Dónde estás? ¿Qué teléfono es este? Sale número oculto.

-Amor, he encontrado trabajo ¡10.000 euros al mes!

-¿De qué?

-De guardaespaldas, amor.

-¿Cómo que de guardaespaldas? ¿Tú no estabas trabajando para una productora?

-Amor, es que hoy me he enfrentado contra un criminal y le he zurrado de lo lindo con una impresora. Al otro que intentó pararle le clavó un cuchillo en la garganta. El criminal mató a un niño también…los guardas civiles dicen que soy un héroe.

-¿Esperas que me crea eso? ¿Dónde estás? ¿Cuando vienes?

-Que no puedo. Que tengo que quedarme aquí a dormir por las noches, es parte del trabajo.

-¡Tú me la estás pegando con una de tus lectoras putillas!

-Amor, te juro que no. Que estoy trabajando, amor, que son 10.000 euros al mes.

-¡Cómo no estés aquí en 30 minutos despídete de mí!

-¡Amor! ¡Qué soy guardaespaldas! ¡Qué no me puedo ir de pronto! ¡Qué voy a cobrar 10.000 euros dentro de un mes!

Mi novia cuelga el teléfono. Maldita sea ¿Qué hago? Tengo miedo de que se suicide. Mi novia siempre está diciendo que se va a suicidar. Siempre le estoy dando disgustos: el aborto, las infidelidades, la falta de dinero. Maldita sea ¿Qué hago?

LA FOTO NO ES DE ESE DÍA

On December 2, 2008 by admin

Estoy en unos grandes almacenes, comprando folios para la impresora: tengo que entregar un proyecto para TV, estoy harto de escuchar los lamentos de mi novia porque nunca tengo dinero. Entonces le veo. Un hombre corriendo, gritos de que le detengan. Tras él, hay un guardia de la seguridad privada del centro comercial en el suelo, el tipo al que quieren detener es muy grande, negro, no es un pobre inmigrante metido en un buen lío, tiene furia en los ojos: da miedo. Parece el cruce entre un gorila y una pantera. Le persigue un fornido rubio enchaquetado: rumano o del Este, parece. Le atrapa. Forcejean. El negro saca un cuchillo: se lo clava en la garganta. Me estremezco, yo hubiera podido meterme en la pelea, quizá detener esa cuchillada, el rubio no se levanta: quizá la cuchillada ha sido mortal: quizá yo hubiera podido evitar una muerte. Absurdamente recuerdo lo que le pasó a Peter Parker con su tío Ben. Llegan más guardias de seguridad del centro comercial: mileuristas. Veo que no se van a meter con semejante negro. Va a escapar. La puerta de salida está a unos pocos metros. El negro se levanta, unos padres, que inexplicablemente no se han enterado de nada del jaleo, pasean a su hijito en un carrito. El negro se lo lleva por delante. El carrito vuela por el aire: a saber qué le ha pasado al niño. El negro gigante pasa a mi lado, retrocedo con miedo. Por lo que voy hacer. Cojo una impresora que está a la venta, se la pego en la cabeza. Le doy con todas mis fuerzas, repetidas veces, hasta que la impresora, se parte en dos. Tengo miedo de que se levante y me clave el cuchillo. El negro queda ¿muerto? en el suelo. Estoy petrificado de miedo.

Tarda en llegar la policía. Ni el rubio ni el negro se levantan. Hay tanta sangre, alrededor y sobre el rubio, que ahora parece pelirrojo. Si el negro se levanta no quiero que me vea por allí. Juro que, como vea que el negro se mueve un solo centímetro, me escondo detrás de la columna. No me puedo mover. Estoy aterrorizado. El bebé está mal. Sangra. La madre, que es extranjera, llora y tiembla como una demente. El padre grita al techo: allí debería de haber un cielo. En lugar de un Dios piadoso hay bombillas. Todo el mundo me mira como si fuera un demente. Buscan algo en mis ojos, cuando les miro, esconden sus miradas. Me tienen miedo. Yo no sé qué hacer. Me gustaría decirles que soy una persona normal. Pero sólo, me quedo quieto. Vuelvo a mirar al negro. Que no se levante. Se acerca una chica y un señor mayor. Hablan francés. A pesar de que estoy en mitad de un trauma reconozco haber pensado que la francesita tiene mil polvos. La policía por fin llega. Directamente, me ponen unas esposas. El señor mayor francés habla con la policía, en castellano. Me señala. Me llevan a comisaría. Paso unas horas en una habitación vacía. Hago mi declaración: reconozco haber partido una impresora en la cabeza del negro.

-¿Qué hacía allí? –pregunta el guardia civil que escribe en el ordenador.

-Comprar folios –contesto.

-¿Dónde están? –me pregunta.

-Los he perdido.

-¿Cuándo?

-No sé. No estoy mintiendo. De verdad que compré folios. Revisen las cámaras de seguridad.

-No te preocupes. Sólo era una pregunta. Nosotros tenemos folios aquí. Si quieres, te doy un paquete.

Pregunto como está el negro. Me dicen que bien, que está en el hospital, que es un tipo muy peligroso: un criminal. Tiemblo como si estuviera desnudo en la Antártida. Pregunto por el rumano. Me dicen que está muy grave, también en el hospital. No es rumano, es holandés. Me sueltan. Dicen que no me preocupe, que soy un héroe. El guardia civil aparece con un paquete de folios. A la salida me espera un hombre. Bajito y ridículo. Dice que tiene que hablar conmigo:

-¿Cómo te llamas?

-Rafael

-¿Has trabajado alguna vez cómo guardaespaldas?

-No.

-Tienes sangre fría y bastante fuerza. Le partiste la impresora en la cabeza a ese negro.

-No estoy orgulloso de ello.

-Sígueme, por favor.

Le acompaño fuera de la comisaría de policía. Caminamos un poco hasta llegar a un gran coche negro. Es el coche más lujoso que he visto en mi vida. He visto coches como ese en las películas americanas. En el interior está la francesita tía buena y el señor mayor.

-Te ofrecemos –dice el señor francés en un perfecto castellano- 10.000 euros al mes, más dietas, comida y alojamiento, por protegernos.

Me han confundido con un tipo duro. Sin duda, confunden el momento que quedé petrificado de miedo con sangre fría. Confunden mi gordura, con músculos. Mierda. 10.000 euros. Un mes de trabajo y podré pagar todas mis deudas. Tres meses y podré estar dos años sin trabajar. 10.000 euros al mes. La boca de mi novia, callada. No más reproches. Menudo sueldazo. Guardaespaldas, como en las películas ¿Por qué no? ¿Por qué no puedo ser yo James Bond durante un tiempo? ¿Acaso no he soñado con eso siempre, secretamente? Y esa francesita elegante que, desde el interior del coche, me mira con misterio…

-Acepto –contesto.

El francés asiente con la cabeza. Se sube al coche. El chofer dice que suba yo también, delante:

-Empiezas ya.

Mañana, os cuento más.