ANTES DE ANOCHE

On September 12, 2009 by ezcritor

Ella tenía un oído sucio. Pude saberlo porque, dentro del baño de espuma del que disfrutábamos, ella llevaba el cabello recogido. Hace tiempo me puse como norma no mirar dentro de los oídos de las chicas que me voy a follar. He conocido demasiadas chicas guapas con los oídos sucios. Y corta el rollo. Pero esta vez quise ser intrépido y saltarme mi sabia norma. En esta ocasión, lejos de darme asco, que tuviera el conducto auditivo derecho sucio me puso cachondo. No era cerumen verde ni amarillo, era como una caspa blanca, una enfermedad dermatológica, seguramente. Salimos de la bañera. Ella se secó y se fue a su dormitorio, a sacarse el anillo anticonceptivo del coño en la intimidad y a envolverlo en papel higiénico. Yo aun estaba dentro del cuarto de baño, descubrí una báscula adornada con dibujos de Walt Disney. Me pesé. 80 kilos. Me puse super contento. He adelgazado 9 kilos desde que mi ex me dejó. Ahora falta apuntarme en un gimnasio para poner mis tetas en su sitio. Pero no tengo dinero. Ya me estoy cansando de no tener dinero nunca, de no tener casi ni para comer ni para poder salir a ningún sitio ni para poder comprar chocolate a los gitanos del parque. He de hacer algo al respecto.

Mientras follábamos, a pesar de que alguna vez se me bajó la polla, ella se corrió 6 veces. Yo una, pues estaba con la cabeza en mis preocupaciones e impedía que el semen saliera. Tras el sexo, ella quedó dormida. Yo no podía. Había sufrido una bronca injusta en el curro y me habían puesto muy de mal humor. Siempre me doy al 100%, trato de ser la persona más agradable del mundo y la gente, lejos de apreciarlo, te ningunea y habla de malos modos. Salí de su habitación, cerré la puerta con cuidado y caminé, desnudo, por los pasillos de su casa. Eran las dos de la mañana. Su compañero y compañera de piso no estaban. Regresé al cuarto de baño. Me volví a pesar. 80 kilos. Estoy super contento.

No podía dormir. Llegué a la cocina. Abrí la nevera. No me apetecía beber champagne ni comerme los restos de la cena a la que la chica me había invitado. Abrí la despensa. Miel. Queso filadelfia light. Los mezclé en un par de rodajas de pan de molde integral. Mmmm… Bebí también Coca-Cola fría. Eché de menos a mi perra Anais. Pensé en ella mientras comía. La dejé en mi apartamento sola. Esperé que estuviera bien y tranquila. Luego regresé al baño. Me volví a pesar. Ja. Casi no me había movido de los 80 kilos. La chica seguía durmiendo. Yo estaba aburrido. Puse la tele. La apagué porque era una jodida mierda. Leí revistas viejas de la “Rolling Stone”. Encontré un comic: sobre un Papa super héroe. Me reí leyéndolo. Ojee un libro que tenía su compañero de piso en su biblioteca: “Como follar con todas”. Me aburrió aunque me gustó que el autor se inventara una regla: “Si ves a una chica que te gusta y no la conoces, no dejes pasar más de 3 segundos sin acercarte y decirle algo”. Hacer eso sería divertido. Cuando terminé de leer me volví a pesar. 80 kilos. Ja. Encontré otro comic: “Pollo con ciruelas”. Me pareció una obra maestra. Me apeteció conocer a su autora (Marjane Satrapi) y meterle el polvo de su vida como agradecimiento.

A las 7 de la mañana me entró sueño. Regresé a su dormitorio, me acosté al lado de la chica y, como al hacerlo la desperté, le besé en la cabeza y aproveché para decirle que la quería mucho. Ella me hizo unas cuantas caricias. La verdad es que ella mola mucho. A las 8 sonó el puto despertador, me duche, me pesé y la chica me llevó en su coche hasta mi casa. Nos despedimos y quedamos en volver a vernos esta noche. Sabía que iba a querer volver a verme porque le había dado 6 orgasmos. Eso nunca falla con las chicas. Yo tengo que darles sexo si quiero que ellas me den amor. Yo necesito mucho amor, tengo más necesidad de amor que de sexo, pero tengo que emplearme a fondo en la cama para que me lo den. Si te las follas bien les nace el amor en el corazón.

Llegué a mi casa, saqué de paseo a Anais al parque: de regreso, en el portal saludé a mi vecina de 77 años que me miraba con ojos amorosos. Me fui a trabajar.

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