A mi jefe no le cae tan mal Bin Laden

Escribí este relato el 11 de septiembre de 2001. Yo trabajaba en “El Corte Inglés”, me acababan de nombrar “responsable de prensa y revistas”, un pequeñísimo segmento del centro comercial que estaba dando pérdidas. Yo aun no era el “ezcritor” pero tenía una página web donde colgaba relatos. Un compañero de la sección de música (que era gay) descubrió dicha página web (imagino que buscando fotos mías para masturbarse) y se chivo a mi jefe (imagino que para verme humillado y acojonado y me despidieran porque eso le excitaba y así podría masturbarse más aún). El jefe me llamó a su despacho y me dijo que le gustaría pegarme un puñetazo (pero no me lo pegó) y que iba a ponerse en contacto con el centro jurídico del centro comercial para denunciarme. Eso hizo que mi relato se propagase como la pólvora por “El Corte Inglés” donde yo trabajaba y los jefes llamaron a mi jefe para le dieran una explicación…mi jefe fue cagado a esa reunión en la que los jefes quitaron hierro al asunto y se rieron de él por haberse enfadado conmigo por haber escrito este relato. Mi jefe era un gilipollas.
“A mi jefe no le cae tan mal Bin Laden”.
Sótano del gran centro comercial: sección de prensa y revistas: estoy trabajando duramente: he decidido que la sección funcione a pesar de los informes de los economistas: no dejaré que me despidan sin luchar: suena el teléfono: es mi novia.
-Cariño: ahora no puedo hablar, no me permiten hablar por teléfono. Si me descubre el jefe, me mata.
-¡Acaban de atacar los Estados Unidos!-anuncia rápidamente- ¡Han estrellado dos aviones en las torres gemelas y el pentágono! ¡Las torres gemelas han caído!
-No, no es posible.
Observo caminar a los clientes: ¿Lo sabrán ellos? ¿Seguirían comprando si lo supieran?
Cuelgo.
Doy una carrerita hasta la sección de alfombras: suelto la información en un compañero.
-Siempre estás con boberías, Sig –me dice-. Siempre fantaseando.
No me cree: vuelvo a mi sitio ¿Qué pasará ahora? ¿La tercera guerra mundial? Hace poco vi en el cine la película sobre Pearl Harbor, los americanos, como entonces, contestarán: además ahora el presidente es George Bush, una persona que jamás en su vida ha perdonado nada: no hay dudas, matará.
Vuelve a sonar el teléfono de mi departamento: es mi jefe, una orden:
-Llama inmediatamente a todas las distribuidoras de periódicos, diles que mañana nos envíen el triple de periódicos de lo que nos sirven normalmente.
Imagino a todos los periodistas del mundo, a los que se habían ido o estaban yéndose a sus casas: ahora se encuentran a mil por hora, escribiendo, en reuniones: los directores hablando:
-Tenemos que ser los mejores en cubrir la noticia, tenemos que sacar lo mejor de nosotros mismos. Tenemos que ser los que más periódicos vendan. ESTO ES HISTORIA.
…
Al volver de almorzar: ya todos conocen la noticia:
-Disculpa por no haberte creído –me dice el dependiente de alfombras- pero es algo de película.
Vuelvo a imaginar: nuevas películas hechas por americanos, éxito de taquilla, un héroe que salva un cuarto avión de pasajeros con destino a la Casa Blanca. Protagonista: Bruce Willis: final apoteósico para la serie “La jungla de cristal”.
Llega otra noticia, bestial: el gobierno americano ha tenido que hacer fuego sobre un avión de pasajeros que también había sido secuestrado.
Imagino a los pasajeros: imagino el terror, las lágrimas de los familiares.
-¿Ha llegado el coleccionable de música checoslovaca? -me pregunta un viejo con barbita- ¿El del dos por uno?
-No señor, lo siento -contesto- Por ahora no nos ha llegado nada de eso.
-Cabrón –me insulta, se va.
Un compañero de librería me llama por el teléfono interno.
-¿Sabes? hay un escritor beneficiado: Tom Clancy. Por lo visto, hace seis años, escribió un libro donde se narra un hecho similar. La gente lo ha escuchado por la tele y por la radio. Han venido y los han comprado todos. El jefe del departamento ya ha llamado a la editorial para pedir doscientos ejemplares, quizá sean pocos.
Hora de salir. Me duele la cabeza. Llego a casa, me acuesto, no tengo ganas de masturbarme: no sé si habrá mañana. Espero, junto a millones de almas más, que no sucedan más ataques.
Por favor.
Si los terroristas estallaran un avión contra este gran centro comercial mucha gente moriría: pero yo no: YO YA ESTOY MUERTO: VIVO LA VIDA MUERTO: NUNCA DEBÍ DE PONERME CORBATA
…
Ya es mañana, suena el despertador. Me ducho dormido, desayuno dormido: no me acuerdo de nada hasta que llego a la superficie comercial: montañas enormes de periódicos me esperan en la entrada, casi todas las distribuidoras se han aproximado o han logrado servir las cantidades que pedí. Cargo con ellos, los ojeo. Parece ser que el responsable de la matanza es un terrorista llamado Ben o Bin Laden, los periodistas aún no se ponen de acuerdo de cómo se escribe. Veo una foto suya, que Dios me perdone, parece un tipo simpático: sin embargo y decididamente, no me gustaría ser su compañero de piso.
En la esquina de la portada de uno de los diarios se anuncia que, a partir del sábado, se podrá comprar conjuntamente con el periódico el fascículo número uno de los sucesos que cambiarán nuestra historia: no podemos perder la posibilidad de perder esta ocasión, avisa.
Al poco de colocar los periódicos en el mueble, bien visibles para que no se escapen los consumidores espontáneos, mi jefe me llama para preguntar si las cantidades pedidas han llegado.
-Sí, señor.
-Has salvado el cuello –anuncia.
A las diez se abre el centro comercial, los periódicos se venden como nunca. La gente los compra con prisa pero no veo preocupación alguna en sus rostros. También compran revistas del corazón: me choca que, junto a una foto de una persona que prefiere tirarse al vació antes que morir quemada, tengan estómago suficiente para comprar un par de revistas rosas, por lo visto una tal Líbidos, o como se llame, ha decidido divorciarse.
Un viejo, muy viejo, al que le brillan los ojos me dice, sin yo preguntarle, que quiere el diario para tenerlo de recuerdo.
-Pero si a usted no le puede quedar mucho de vida -pienso.
Un compañero se acerca, ojea un periódico:
-Me cago en su puta madre. Seguro que ahora suben el precio del petróleo y aumentan el ticket del autobús.
El jefe vuelve a llamar.
-¿Se están vendiendo los periódicos?
-Sí, es una locura -contesto.
-Fabuloso -me dice-. Hoy nos salimos del presupuesto.
Cuelga.
Pienso: creo que mi jefe está contento del ataque terrorista: estoy seguro de que le gustaría que continuaran unos cuantos días más.
Hoy, el terrorista Bin Laden no sonríe solo.

…
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Lo leí en su día y lo he vuelto a leer, me encanta esa primera parte de los “Diarios” que transcurre en “el gran centro comercial”, nunca compro libros, porque apenas leo y cuando quiero leer algo de forma puntual tengo un libro electrónico que me cumple para salir del paso, pero si los Diarios apareciesen en una estantería en alguna tienda de Valencia los compraría.
Un saludo!
Hay más de cuatro como tu ex jefe. Les cae bien Bin Laden y cualquiera que la monte parda masacrando a los demás, sobre todo si esa masacre se convierte en euros, aunque sean pocos.
“(…) YO YA ESTOY MUERTO: VIVO LA VIDA MUERTO: NUNCA DEBÍ DE PONERME CORBATA…” De lo mejor que has escrito nunca…
Yo también soy una acérrima lectora tuya
Buscando noticias del 11 m me salió tu página y no he podido menos que sonreir, aunque prometí no pasar más por aquí, lo cierto es que, no soy rencoroso y no puedo menos que alegrarme de que al fin hayas decidido publicar, sobre todo si se vende..personalmente creo que es el camino que jamás debiste abandonar y otro gallo te hubiera cantado.
Bueno, solo escribo para decirte que, al igual que tú, yo hace tiempo que abandoné “El gran centro comercial” y ahora trabajo feliz de lunes a viernes, en algo que me encanta, de vez en cuando me paso por allí un sábado para darle unas palmaditas en la espalda al pobre inféliz y decirle “!Que tal hombre!, pringando en sabado ¿eh?, pues nada a seguir bien.”
Él me mira con un odio tan amargo que por un momento pienso que los jugos gástricos van a disolver su cada vez más dilatada panza, pero se limita a sonreir con sus ojillos de rata y atusarse su alópecico craneo, meneando la cabeza nerviosamente.
Luego, de camino al cine, o a casa o a la playa, según el día, mi regocijo se torna en verdadera lástima por ese Gollum capitalista de nuestros tiempos.
Gran relato y bastante cercano a la realidad, como en el espejo de una feria, las figuras estan deformadas pero se reconocen perfectamente.
Suerte.
Gracias “Pshycokiller”!
jajajaa me troncho que la ratilla siga allí. Se aferró a esa vida y ha recibido lo que luchó.
Tú fuiste quien me contó parte de la historia.
Me alegra que estés bien y que, de vez en cuando, te pases por allí para recordarle lo que es.
Un abrazo.
A mi tampoco me cae mal Bin Laden.
ese año te “conoci”, no se como, supongo ke por tu web, se ke hablamos alguna vez por msn y en una de esas charlas te diste cuenta de algo ke yo todavia no sabia… En fin… keria contarte eso y ke… creo ke voy a poder comprarte los libros!!!