On December 7, 2009 by ezcritor
Hace unos meses, un amigo me contó este sabio cuento sufi que os recomiendo leer:
Había una vez un árabe que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha.. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra.
El vecino que se percató de este hecho corrió a la casa del hombre para avisarle:
-Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!
El hombre lo miró y le dijo:
-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?
Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes más. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:
-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar, ¡qué buena suerte has tenido!
El hombre lo miró y le dijo:
-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?
Unos días más tarde el hijo montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:
-¡Qué mala suerte has tenido!, tras el accidente tu hijo no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.
El hombre, otra vez lo miró y dijo:
-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?
Pasó el tiempo y estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército empezó a reclutar jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al accidentado se le declaró no apto. Nuevamente el vecino corrió diciendo:
-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!
Otra vez el hombre lo miró diciendo:
-Buena suerte, mala suerte, ¿quien sabe?
Esa misma noche, entre cervezas y pizza, le conté este cuento a una amiga que vino a mi casa. No sé muy bien porqué se lo conté, supongo que para hacerme el culto. Luego, follamos.

Al día siguiente, cuando la alarma de su teléfono le despertó y tras un café, fue a donde había aparcado su coche. No vivo en un buen barrio (Carabanchel) y ella lo comprobó al ver su coche: en la madrugada, mientras follábamos borrachos, otro desgraciado le había roto la ventanilla y robado la radio.
La chica jamás regresó a mi casa. Ese incidente destrozó nuestra pre-historia de amor. Pues ni a ella ni a mi nos apetecía tomar el metro para encontrarnos.
Ayer me llamó para contarme lo que le acababa de pasar.
-Joder Rafa, es como el cuento que me contaste aquella noche. Se ha cerrado el círulo. Hace unas horas salí del trabajo y me ofrecí a llevar a una amiga hasta su casa en mi coche. Cuando estábamos paradas en un solitario semáforo apareció un grupo de marroquies con muy mala pinta. Vinieron corriendo al coche, del miedo no me dio tiempo a poner el seguro. Ya me veía a mi amiga y a mi, violadas. Abrieron la puerta… pero no pudieron. Porque cuando me robaron la radio, aquella noche que pasé en tu casa, la puerta quedó inutilizada y desde entonces no se puede abrir. Se me pasó el miedo, arranqué rápido y nos libramos de los marroquies violadores. Así que, que me robaran la radio fue… ¿mala suerte o buena suerte?.
-Nena –le dije- Ven a chuparme la polla. Cada vez que me la chupes te salvaré indirectamente de una violación de marroquies.
Y vino. Otra vez en su coche.