On November 13, 2008 by ezcritor
Estoy mal de pasta. Me contacta un chaval. Que si le enseño a escribir, que si le doy clases particulares en su casa:
-50 euros la hora –le digo.
-¡No es problema, señor! ¡Muchas gracias por aceptar la propuesta!
-Estaré allí una hora. Si veo que eres un inútil que nunca podrá escribir nada bueno, te lo diré y no volveré jamás.
-¡Sí, señor, muchas gracias! ¡Qué suerte tengo! ¡El ezcritor me va a enseñar a escribir!
Llego a su casa tres horas tarde. No me gusta llegar puntual a los sitios. Me gusta que la gente me espere. Me gusta que la gente sepa que, a mí, realmente me importan una mierda ir o no ir: que puedo vivir sin ellos. Que si voy es por hacerles un favor. Me abre la puerta:
-Oh, Dios ¡Eres el ezcritor!
-Dame la pasta y un vaso del mejor vino blanco frío que tengas.
Entro en la casa. Su novia le acompaña. Estamos solos. Es una morenita, de México, me cuenta. Se conocieron en la universidad. Tiene un polvo.

-Enséñame tus escritos –le digo al chaval.
-Tengo un blog –responde.
-Todo el mundo tiene un blog. Mejor dicho, todo el mundo tiene varios blogs y se sienten unos incomprendidos porque nadie les lee. Por eso hay tanto troll por la red. Antes querías ser escritor, mandabas escritos a una editorial y estos pasaban de ti. Y le cogías manía a los editores. Ahora, escribes en un blog y nadie te lee. Por lo que le coges manía a toda la humanidad. Los blogs fabrican psicópatas.
-Eres increíble ezcritor, dices verdades como puños.
-Ya lo sé. Me gustaría ser más tonto y no poder ver la realidad tal como es. Me gustaría ser un gilipollas subhumano como el resto de la gente. No cargar con tanta inteligencia.
-¡Has dicho subhumano! ¡Qué emoción! ¡Tanto tiempo leyéndolo en tus post y ahora lo has dicho delante de mí!
-Enséñame tus escritos.
Encendió su Mac. Maldita sea. El niñato era una de esas personas que utilizan los puntos suspensivos todo el rato, detrás de cada frase.
“Estuve esperándola…yo la quería mucho, mucho…yo vestía un pantalón nuevo y una camisa larga de botones, pensé que estaba guapo…ella apareció y me sonrió…me dijo que estaba guapo y yo pensé que ella…también lo estaba…quería que todos mis amigos me vieran a su lado… quería que todos mis compañeros…de la universidad… supieran que ELLA estaba conmigo…ella no era una persona, no… era la madre naturaleza… yo era el único que cuidaba de la naturaleza en la Universidad…”
Le pegué un puñetazo en la cara.
-Nunca, nunca, más puntos suspensivos. Un hombre no utiliza puntos suspensivos. Los puntos suspensivos son para poetas maricones –le dije mientras sangraba por la boca- ¿Y escribes gilipolleces sobre el medio ambiente?
-Es una metáfora. Que tenemos que cuidar la naturaleza. Que yo so el único de la Universidad que lo hace.
-Eres un acomodado. Para escribir bien, tienes que conocer el infierno.
Le pegué una nueva hostia al chaval y le dije a su novia que se desnudara. Ella dijo que no. Yo le pegué una nueva hostia a ella y le arranqué la falda y las bragas. Al principio se resistía, pero luego le empezó a gustar como me la follaba. Su novio me miraba con rabia, pero sin atreverse a atacar: él era un retaco y yo un demente.
-¿Ves cómo le gusta a tu novia que me la folle? ¿Ves cómo todo tu mundo se te derrumba? Ahora, con esos ojos, estás viendo un nuevo mundo. Ahora, puedes escribir sobre algo bueno. Levanta acta de este momento, de cómo te sientes. Humíllate. Escribir es capturar vida con palabras. La humillación es la única forma de ser sincero. Y sólo escribiendo desde la sinceridad, conseguirás que te lean.
-Gracias –dijo el chico. Su novia se corrió como nunca lo había hecho, yo eyaculé y me fui de esa casa con los 50 euros y su colección de comics manga. Al llegar a casa tenía un correo electrónico de su novia. Que si nos podíamos volver a ver (o sea que si me la podía volver a follar). A las tías les gusta que te las folles como un bestia. Una vez que las usas se les quita toda “el antifaz” del feminismo y del respeto y, lo único que desean, es ser usadas por ti otra vez. Toda esa mierda de las relaciones humanas. Todo es muy simple, en la realidad. Ellas, quieren una buena polla, ellos quieren un buen coño. Y, después, queda el resto.
