PROBLEMAS DE LA METAMORFOSIS ARGENTINA
Le conocí cuando yo trabajaba de camarero en una discoteca turística. Extrañamente, él sólo aparecía por allí las noches de luna llena. Cuando le pregunté, por tamaña coincidencia, me contestó haciéndose el gracioso:
-Unicamente me dan libre en el laburo cuando hay luna llena porque mi trabajo se llena de hombres lobos ¿Vos cómo estás? ¿Mucha mina bella y loca esta noche?
Me caía muy mal: era argentino. Ya sabéis que los argentinos son los más casanovas del planeta: a diferencia del resto de los latinos (que solemos tener aspecto de mono, unos más, otros menos) ellos son, en su mayoría, descendientes de nórdicos o alemanes: suelen salir muy guapos: rubios, altos y fuertes. Menos algún caso excepcional: como el de “Orsai“. Eso sí, no hay argentino que no pueda dejar de hablar y mentir ni aun estando dormido.
Me caía mal, pero sobre todo aquella noche que conocimos a aquellas turistas, inglesas y, por consecuencia, borrachas: ellas lo único que querían era follar. Tras cerrar la discoteca, nos fuimos al apartamento de las inglesas: pero el argentino hijo de puta, en lugar de conformarse con la suya empezó a calentar a la mía también: comiéndole y lamiéndole el culo
y, pronto, las dos turistas inglesas se la estaban chupando
-¡Hija de puta guarra! –grité en inglés a la mía- ¡No creas que voy a estar contigo tras habérsela chupado a ese argentino de mierda ¡Te creía inteligente! ¡Creía que habías visto lo especial que soy por dentro! ¡Pero eres como todas! ¡Veis a un argentino y os falta tiempo para empezar a chuparle la polla!
Di un portazo y salí del apartamento de las turistas muy enfadado. Pero, cuando ya me iba, decidí esperar a ese argentino hijo de mala madre: iba a enseñarle que no se puede venir a España y pisarle una turista a un ciudadano español: mucho menos si la turista era inglesa: ¿Acaso Inglaterra no había estado en guerra con Argentina? ¿Acaso los ingleses no mataron a miles de argentinos? Entendería que ese argentino saliera, las noches de luna llena, a matar inglesas: hermanas e hijas de ingleses: eso tendría sentido: pero nunca para hacerles el amor: para proporcionarles placer y orgasmos como un esclavo: sin duda, ese argentino no era un patriota: sin duda, sus propios compatriotas argentinos estarían de acuerdo con su muerte: por eso no me cansé de esperarle en la puerta de los apartamentos: para matarle a golpes.
Por fortuna no tuve que esperar mucho: el argentino salió antes de que amaneciera, con prisas: trataba de correr carretera abajo pero, con rapidez, agarré su cuello y le tiré al suelo: tras eso, le pegué una fuerte patada en la mandíbula que le hizo sacar sangre suficiente para llenar hasta arriba una lata de Coca-cola:
-¡Te vas a enterar de cómo se respeta a un español en tierra española! –enuncié, exclamativamente.
-¡No, por favor! ¡No armes quilombo! –Gimió- ¡Te lo explicaré! ¡Tengo una razón!
La historia que me relató a continuación era imposible de creer: y no lo hubiera hecho si no hubiera sido porque la demostró sobre la cama de su apartamento, una hora más tarde, justo cuando al día le llegó su amanecer.
Por lo visto, de pequeño, había sido embrujado con una maldición yoruba por culpa de una amante despechada de su padre: sólo las noches de luna llena transmutaría en el hombre que podría haber sido: el resto de los días amanecería con este terrible aspecto:





























