On April 17, 2012 by ezcritor
…la acaba de publicar el escritor underground Carlos Salcedo Odklas en su blog: “La venganza de los malditos”. También se ha sacado esta foto:

“Rafael Fernández, también conocido en la red como el Ezcritor, lleva ya unos años dando guerra en el mundo literario underground y ahora empieza a recoger ciertos frutos. Yo no fui consciente de sus andaduras hasta hace unos meses y cuando lo descubrí no pude por más que sentirme fascinado e inspirado por su persona y sus ideas. Como muchos de nosotros Rafael aspira a ser un escritor reconocido y apreciado, leído y, a poder ser, remunerado. Cualquiera que ponga palabras encadenadas una tras otra puede llamarse a sí mismo escritor, muchos lo hacen, yo lo hago, pero bien sabemos que esto no es tan sencillo, el escritor está constantemente en lucha contra sus miedos e inseguridades, como la totalidad de artistas, o mejor dicho, los artistas verdaderos, los sinceros. El escritor es un ser maniaco depresivo, que tan pronto cree ser poseedor del mayor talento jamás visto y lucha porque se reconozca luchando ante las dunas de la indiferencia, como cree que simplemente es un demente soñador, sin talento alguno, un ser inadaptado y débil que tiembla, acurrucado y desnudo, ante los crueles embistes del iceberg social.
En sus diarios secretos vemos, ante todo, la lucha contra uno mismo y la inestabilidad de los deseos y aspiraciones. Rafael, a través de su alter ego Sigmundo, se muestra como una persona patética, uno de esos inadaptados y temblorosos seres que ven que su vida o muerte no modificaría el devenir del mundo más allá de lo que lo haría la de un trozo de morcilla. Es gordo, tímido, solitario, cobarde, vive con sus tíos-abuelos y trabaja en un centro comercial en el que es el último mono, tiene una insatisfactoria relación con una chica frígida que no le respeta y es eyaculador precóz, lo único que le aleja del suicidio es su fe en su talento como escritor, aunque ese supuesto talento es una balsa inestable a la que aferrarse ya que la mayoría de cosas que escribe son una puta mierda, sus historias son rechazadas o directamente ignoradas por los editores. Como verás esta historia no tiene nada de novedoso, un perdedor que aspira a ser un gran escritor, imposible no pensar en Bandini o el joven Chinaski. Lo primero que llama la atención en la versión de Fernández es su increíble desprecio hacia su persona, la crueldad con la que se trata a sí mismo es bastante mayor que la de los antes citados, es un trabajo de autoflagelación brutal, sin piedad, incluso exagerada, nada vemos aquí de la brabuconería de Chinaski, Sigmundo se presenta a sí mismo como auténtica escoria, un ser terriblemente patético que debería ser sacrificado cuanto antes por el bien de la humanidad. Su empleo tampoco tiene desperdicio, el gran centro comercial, uno de esos templos paganos que inundan nuestra vida actual mostrándonos lo peor de nosotros mismos, la vanidad, la estupidez, la frivolidad, donde se constata la transformación del ser humano en una masa de carne apestosa obsesionada por el dinero, las posesiones y la apariencia. Allí está el, currando en la sección de libros, soñando con lectores inteligentes con los que pueda charlar de autores inmortales pero encontrándose con gente vacía que solo compra best-sellers, poco después cae aún más bajo y es relegado a la sección de prensa y revistas. Hay en esta parte del libro un momento verdaderamente revelador que nos muestra con toda su miseria y crudeza la auténtica faz del gran centro comercial y los valores que este representa, es tras los atentados del 11 de Septiembre contra las torres gemelas, este aborrecible suceso se ve por el jefe de Sigmundo como una bendición, una oportunidad única de multiplicar la venta de prensa y engordar las estadísticas y dividendos de la sección. Todo este asqueante escenario de frivolidad empuja a Sigmundo a querer salir de la rueda y empieza a operar el cambio, la metamorfosis, empieza a dejar de ser un empleado modelo y a tramar un delirante plan para ser dado de baja y poder dedicarse por completo a la escritura subvencionado por el gran centro comercial. Toda esta primera parte del libro es tremendamente entretenida y sirve para enganchar al lector a las peripecias de Sigmundo.
Tras la parte del gran centro comercial comienza el verdadero grueso del libro. Sigmundo comienza su transformación en serio, sin mirar atrás, se pone en forma y entra a trabajar de camarero en una discoteca de la zona turística. Aquí Sigmundo conoce a otro de los personajes centrales del libro, el camarero Saki, un cubano musculoso que conoce todos los secretos de la noche así como los mecanismos para manipularlos en beneficio propio. Saki representa el mentor, el guía que arropa al patético Sigmundo en su viaje por los círculos infernales de la noche y le muestra sus secretos, como si de un Virgilio para Dante se tratase. Saki hace lo que le da la gana, toma sin pudor lo que necesita, domina y extorsiona a la gente, roba de la caja, trapichea con drogas y folla, folla, folla y folla todo lo que quiere con todas las ingenuas turistas que caen ebrias en sus fornidas garras. Sigmundo tiene, al fin, un espejo en el que mirarse, un canon al que aspirar, porque si algo obsesiona a Sigmundo, tanto o más que su afán por convertirse en un gran escritor, es su afán por follar. Han sido muchos años de privaciones, de pajas solitarias, de frustración debida a su timidez, su aspecto y su novia frígida, ahora quiere el cambio, quiere tomar lo que la vida ofrece a los que tienen pelotas para alargar la mano y coger, quiere recuperar el tiempo perdido, quiere eyacular sin condón en las bocas y coños de todas las chicas que durante tanto tiempo le han ignorado porque “solo después de eyacular soy una persona normal”
Asistimos entonces a la transformación de Sigmundo de pardillo a rey de la noche, lo veremos espabilar, crecer, librarse de sus miedos y ataduras y transformarse en un follador de turistas, en lo que siempre deseó, en lo que siempre soñó ser, pero bien advierte la cultura popular que hay que tener cuidado con lo que se desea, ya que podría hacerse realidad, y tras infinidad de peripecias y coños penetrados todo se revela como una gran mentira, un mundo y una vida completamente banal y vacía. Una carrera que es emprendida con ilusión llega a una meta que no es más que otra burla del destino, otra carcajada de Dios, el cabrón que siempre ríe el último, ya que tras recorrer el infierno volvemos a estar como al principio, totalmente vacíos. Todo esto se va haciendo patente en el transcurrir de las páginas, tras el entusiasmo inicial de Sigmundo por su nuevo y mejorado Yo éste empieza a mostrar su oscuro reverso que ha estado gestándose a la vez en silencio, empieza a comprender lo equivocado de sus aspiraciones, la lucha con uno mismo de la que hablaba golpea aquí con más fuerza que nunca, nada se ha resuelto en realidad, todos esos coños ansiados se han revelado como agujeros apestosos, un gran centro comercial, el de los objetos, solo ha sido reemplazado por otro gran centro comercial, el de la carne, y, encima, tras su paseo por el infierno, Sigmundo ha perdido lo más importante, su alma.
Éste es, a grandes rasgos, el resumen del diario. Evidentemente la totalidad del mismo gira en torno al personaje de Sigmundo, pero en su viaje encontramos a algunos personajes que orbitan en torno a él. Destacables son el ya mencionado Saki, el inquilino argentino o su ex novia, la Virgen María. Es interesante la relación con esta última, un personaje al que se ve eternamente ligado a pesar de que sus respectivas visiones del mundo están completamente alejadas. Como se adivina por el pseudónimo la Virgen María representa la pureza, la normalidad, también la sumisión a los convencionalismos de los que Sigmundo trata de escapar pero a los que no puede evitar volver cuando siente los inevitables momentos de duda sobre sí mismo y su transformación. La Virgen María es su única oportunidad de ser una persona más, una persona normal y adaptada a la sociedad, y su relación de amor y odio con ella es la relación de amor-odio con la vida socialmente preestablecida, una vida despreciable para el buscador de la individualidad, pero segura y tentadora ante la dificultad y sufrimiento inherentes a dicha búsqueda, una vez más vemos la lucha del hombre ante sus propios deseos contradictorios y ante la sociedad y sus valores, que no entiende ni comparte pero en los que se ve irremediablemente inmerso. Al final, como no podría ser de otra manera, toda esta lucha, y este diario, acaba de la peor manera posible, con la decepción, el nihilismo y la pérdida de la fe. Nada se ha resuelto y los conocimientos y madurez adquiridas solo nos sirven para apreciar más nítidamente lo que ya sabíamos, la totalidad del horror, y solo un nuevo amor traído por el azar y la inquebrantable fe en uno mismo hacen posible continuar el viaje, son la luz al final del túnel.
Siguiendo con los personajes vemos asimismo retratados con maestría infinidad de secundarios, el jefe de la discoteca, el del centro comercial, los turistas, los borrachos, los camareros, los ligues de Sigmundo… Todo un catálogo de gente perdida, de soñadores, de vencidos tanto entrañables como despreciables que merodean por las páginas dando pie a todo tipo de situaciones rocambolescas.
Como ya apunté, una de las partes más interesantes de la literatura confesional son las reflexiones, el monólogo interior, la manera de interpretar el mundo y relacionarse con él; estamos hablando de un diario de casi 700 páginas y encontraremos grandes dosis de ello aquí. Algunas meros desvaríos intrascendentes, pero, en mayor medida, interesantes y agudas reflexiones filosóficas acerca de infinidad de temas como el arte, el oficio de escritor, las drogas, el sexo por supuesto, y también algunas curiosas e interesantes pinceladas acerca de lo intangible, lo sobrenatural, la misteriosa mecánica del mundo y las “casualidades” al modo Austeriano (hay un pasaje notable al respecto hacia el final del libro, una conversación con su amigo Antonio Bordón, en la que se habla de la posibilidad de ser un catalizador inconsciente, un verdadero artífice de nuestro propio mundo). Pero por encima de todo esto la mayor parte de estudios y reflexiones abordan, como no podía ser de otra manera, la condición humana. Aquí Sigmundo no deja títere con cabeza, lo cual no es difícil viendo en ambiente en el que se mueve, en The lover, la discoteca turística en la que trabaja, Sigmundo ve que los turistas, lejos de casa, donde nadie les conoce, sacan lo peor de ellos mismos, y los depredadores que orbitan a su alrededor (camareros salidos, moros buscavidas…) solo alimentan toda esa decadencia en la que imperan la promiscuidad, la inconsciencia y la brutalidad, todo ello da pie a pensamientos que desvelan más, si cabe, el carácter destructivo y egoísta del ser humano, la peor parte se la llevan las mujeres, que acaban siendo meros objetos sexuales de usar y tirar.
Podría parecer por todo lo dicho que nos hayamos ante una lectura dura, difícil y desesperante, y si bien es así cuando se reflexiona sobre las situaciones retratadas, la maestría de Rafael Fernández para mezclar el horror y el humor hacen que, al igual que en las historias de Bukowski o Beigbeder, uno disfrute y se divierta con las más lamentables muestras de patetismo y absurdo del ser humano, al lector de los diarios secretos le esperan grandes carcajadas durante su viaje. La sinceridad con la que aborda su introspección y su visión del mundo también hacen que el lector conecte sin reservas con Sigmundo (la multitud de fotos que incluye el libro, algunas de ellas tremendamente explícitas, ayudan también a situarte tras sus ojos) Rafael Fernández advierte que esto “no es una novela, es un trozo de vida”, debido a esta gran verdad Sigmundo pasa de protagonista de un libro a convertirse en un colega, un hermano en la lucha, un compañero de viaje, y este es uno de los mayores logros a los que puede aspirar una obra literaria, sea de la índole que sea.
Personalmente la lectura de estos diarios me ha sido tremendamente gratificante por ese sentimiento de hermandad, me encuentro en una situación bastante jodida y desesperada, víctima de la maldita crisis, con el descontento y asco que esa situación me provoca para con la sociedad y los humanos y he encontrado en Sigmundo un apoyo, una agradable compañía en estas interminables noches de resaca, de miedo y asco en mi sórdida habitación en la pensión del centro de otra ciudad desestructurada más y con sus habitantes a la deriva. Sigmundo y yo hemos brindado en la soledad de la noche, hemos compartido caladas mientras juzgábamos e intentábamos comprender el aparente sin sentido del mundo que nos ha tocado vivir, y esa conexión más allá de las páginas es algo, sin duda, de agradecer. Así que gracias Rafa, colega.
Vayamos ahora a la parte crítica. El libro presenta algunos fallos, pero ninguno que no haya sido previamente advertido por Rafael que nos pone sobre aviso en el prólogo. Este libro es una recopilación de un diario escrito en internet a lo largo de 6 años, sin que su finalidad fuese compilarlos en un volumen, por ello hay pasajes parecidos e ideas recurrentes, que si bien no lastran la lectura, podrían haber sido suprimidos mejorando la agilidad del conjunto. También hay algunas erratas y fallos de maquetación, pero ello añade un barniz aún más underground al libro que no se ve afectado por esas minucias.”
Nota.- Si quieres leer su post al completo entra en su blog.
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